Ande, pues, nuestro apellido,
el tañer con el cantar
concordes en alabar
a Jesús rezién nascido.
Bendito el que ha venido
a librarnos de agonía.
Bendito sea este día
que nasció el contentamiento.
Remedió su advenimiento mil enojos,
Benditos sean los ojos
que con piedad nos miraron
y benditos que ansí amansaron tal fortuna.
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